miércoles, 21 de diciembre de 2011

Creatividad

Creatividad, palabra que asusta y da miedo, y con razón. Ha sido una prostituta a la que han paseado de aquí para allá y sin cobrar, como si de una muñeca hinchable se tratara.

Hoy día parece ser que sobre todo la creatividad es prostituida por unos pocos que se llaman a sí mismos artistas o bohemios. Esos que aparecen por los medios de comunicación y que supuestamente tienen a las musas de invitadas incondicionales en sus casas (otras prostituídas).

¿Y donde se produce la prostitución? Como no, en los prostíbulos tal como las editoriales, las casas de subastas, las salas de concierto donde una entrada "barata" no baja de los cuarenta o cincuenta euros.

En cambio creo recordar que un tal Vincent van Gogh en toda su vida sólo vendió uno de esos cuadros que hoy día se han convertido en prostitutas de alto standing. O bien Mozart, que murió en la miseria. Me imagino a Young, apartado del mundanal ruido, escribiendo su libro rojo, ese libro no editado por la familia. Puedo imaginarme con qué delicadeza lo escribía.

La CREATIVIDAD no tiene nombre ni nacionalidad, ni religión, ni la pueden acaparar aquellos que tienen dinero. Ella no se deja comprar. Pasa por delante, susurra, se ríe de nosotros y, cuando cree necesario, se marcha, dándole igual si la necesitas o no. La creatividad necesita de tiempo, necesita que le hagamos caso y que la construyamos poquito a poco, con cariño y delicadeza, como si de una pequeña flor se tratara. La creatividad se encuentra en la más oscura soledad del ser humano, en el rincón más hostil, en las palabras más crueles.

Puede que haya quien la intente comprar, pero me gustaría decirles a todos ellos que lo único que compran es la apariencia de la creatividad, comercian con el concepto de creatividad, lo que se considera creativo o no en un preciso instante. Pero cuando las musas no te susurran, cuando se cansan del buen vino y los buenos aposentos, cuando realmente compras la atención de uno o dos días, aquello muere, como muere un campo quemado y deshecho por las cenizas. La eternidad del recuerdo sólo es para aquellos que, con una pequeña luz, en un pequeño rincón, sin tener nada más que a ellos mismos, son capaces de seguir defendiendo la creatividad como un concepto de libertad de expresión, haciendo estallar su propio ser en pedazos y volviéndolo a recomponer; para aquellos que sin tener nada lo dan todo como si del último instante de su vida se tratara.

Así pues, siento y pienso que aquellos que prostituyen el concepto de creatividad tan sólo consiguen un reflejo de la apariencia. Es pura y burda apariencia de la apariencia y eso tan sólo merece el menosprecio y la burla de aquellos que tienen la suerte de conocer la esencia de las cosas.



Dedicado a mi musa

domingo, 18 de diciembre de 2011

La apariencia sobre la apariencia

Platón afirmaba que lo que creemos realidad es apariencia. Vivimos en un mundo que tan sólo es un reflejo, un espejismo.

En la sociedad de hoy día hemos llegado a trascender esta apariencia. Ya no vivimos en ella, ahora vivimos en la apariencia de la apariencia.

Compramos relojes, joyas, vestidos, casas, coches... Intentando así aparentar un tipo de persona determinado, haciendo del sueño de la vida algo que aspire a ser eterno.

En cambio el tiempo juega en nuestra contra ya que la vida es fugaz. Me pregunto porqué a veces es tan complejo reflexionar sobre ello. Supongo que es mejor así y seguir la rutina una y otra vez, dejando pasar los días, meses y años sin tener que plantearnos nuestra caducidad.

Particularmente considero que debería poder hablarse de la muerte como algo natural. Eso sí, cuestionarla supone replantearse otras preguntas.

En estas dos semanas en que mis dedos se han separado de las teclas momentáneamente me he preguntado muchas cosas: si hay vida después de la muerte, si no la hay, si hay otras vidas y si realmente, partiendo de cada uno de estos puntos, podía decir a día de hoy si estaba haciendo todo lo posible para llegar a la senectud con la tranquilidad de haber hecho todo lo posible por evolucionar como ser humano y por ayudar a los demás.

Seguramente habrá quien no esté de acuerdo en exponer estas preguntas, pero puedo afirmar que ello me ha ayudado a valorar cada uno de los instantes, de los minutos, de los segundos de una forma más relajada y apasionada. Disfrutar de todo aquello que tengo a mi alrededor que es realmente importante y fundamental: la naturaleza, los seres queridos, la tierra, el mundo como mundo. Te das cuenta de lo poco que necesitas para ser feliz, para amar, para sentirte realizado.

Si las personas fuéramos conscientes de esto entonces realmente se produciría una verdadera revolución porque nos daríamos cuenta que podemos movernos por nosotros mismos, sin necesidad de etiquetas o códigos de barras, sin necesidad de depender de un tipo de gobierno u otro, sin necesidad de tener que controlar lo que nos rodea, creando, dando vida con nuestras manos a plantas y animales.

A mi modo de ver la eternidad es lo más parecido al sentimiento que produce la sensación de estar vivo al margen de la sociedad.

domingo, 4 de diciembre de 2011

Los sueños como arte

Yo sueño que estoy aquí
de estas prisiones cargado,


Escribía Calderón de la Barca. Me imagino a Calderón delante de su escritorio, componiendo un cuadro con su pluma. Escenarios, paisajes, personajes...


y soñé que en otro estado
más lisonjero me vi.

Las palabras fluyen como agua que pasea por un río. Está inspirado, las musas le han otorgado el honor de tocarle con la punta de sus dedos y él las corteja dulcemente.


¿Qué es la vida? Un frenesí.
¿Qué es la vida? Una ilusión,


Calderón bebe de la copa que tiene en la mesa, rememorando días pasados y moja la pluma en la tinta. Se queda pensativo y escribe


una sombra, una ficción,
y el mayor bien es pequeño...


Está a punto de acabar el poema. Vuelve a mojar la pluma y la posa en el pergamino. Los ojos le brillan esperando el momento de acabar la poesía. Se sonríe, sabedor de su talento. Mas al ir a escribir el último verso se queda en blanco.

Observa a su alrededor y se da cuenta que las musas, riéndose de él, le han abandonado. Llama a Calíope desesperadamente y se da cuenta de su orgullo. Las busca, las exonera, pero ellas no aparecen. Se agota, cae dormido, decepcionado de sí mismo.

Busca en sus mundos oníricos las respuestas a sus preguntas. En él encuentra a Basilio y Clotaldo que le saludan; a Clarín, sentado en una roca; a Rosaura y a Astolfo. Por último encuentra a Basilio. Éste le observa y, acercándose a él, le susurra al oído. Calderón asiente con la cabeza y le sonríe agradecido. Poco a poco despierta. Es de madrugada y está amaneciendo. Observa su pluma entre sus dedos entumecidos y sujetándola con fuerza escribe

que toda la vida es sueño,
y los sueños, sueños son.

viernes, 2 de diciembre de 2011

Relativizando al Sr Mutt

El término relativizar ha ido apareciendo delicadamente a lo largo de toda la semana, asomando tímidamente en diferentes contextos.

Relativizar... Es un término que me rememora a una balanza. Un plato pesa más que otro, pero poco a poco quitamos peso y observamos cómo va subiendo ligeramente hasta ponerse a la altura del segundo plato, incluso superarle.


Ese es mi concepto de la relatividad: hoy observas la vida con tristeza y al día siguiente la admiras. Curiosa capacidad del ser humano de dar o quitarle valor a un elemento más o menos externo a nosotros.

Observar una obra de arte conlleva utilizar unos ojos u otros, dependiendo de nuestro bagaje cultural y nuestra capacidad de relativizar los elementos que hemos aprendido. Esta premisa es más que conocida, no estamos descubriendo nada nuevo.

Pero me gustaría dar un paso más allá ¿Y si poco a poco nos "desprendiéramos" de alguna manera de nuestro bagaje cultural para admirar un elemento determinado con los ojos de la curiosidad que un niño todavía posee y disfruta?

Observo la siguiente obra de arte.




Supongamos que no sé el nombre del autor, ni siquiera de la obra. La primera impresión que tengo es que un tanto extravangante, pero poco a poco voy centrando mi atención en la obra en sí, quitando las diferentes capas de las que me ha ido envolviendo el propio conocimiento y que me tienen atrapado, sin poder sentir y admirar obras que no pertenezcan a mi entorno cultural.

Retiro la capa del estilo más puramente clásico. Después, retiro la capa del prejuicio... Intento conseguir ver la obra como si fuera la primera que admiro en mi vida y poco a poco mi estupor inicial se va convirtiendo en curiosidad ¿Quién es el autor de esta obra? ¿Porqué decidió plantar una "cosa" semejante en un museo? ¿De qué época es? ¿Qué repercusiones tuvo en su momento?

Curiosamente, a medida que vas realizando este ejercicio con obras de diferentes culturas vas desprendiéndote, en mayor o menor medida, de la reacción inicial de rechazo que muchas veces te puede provocar observar por primera vez un acto religioso, una escultura, una pintura, etc.

Cabe destacar que, como seres humanos que somos, el hecho de saber observar cualquier acción o elemento desde el punto de vista de otros te permite relativizar tus propias emociones y poco a poco vas desprendiéndote también de aquellas capas que, como sociedad, se nos han ido incrustando en la piel, a modo de caparazón. Esas son las más complejas de disolver. A medida que abres tu mente te das cuenta que aquel problema que inundaba tu pensamiento no es más que un elemento externo a ti; te das cuenta de que la sociedad de la velocidad no tiene porque implicarte y que puedes permanecer tan sólo como mero observador, saboreando la vida en sí; te das cuenta que, como ser humano, no necesitas barreras emocionales, permitiendo que aquello que tenemos en nuestro interior pueda surgir con toda su fuerza.

jueves, 1 de diciembre de 2011

Arriesgarse

Estás en un cruce y ves dos caminos: uno de ellos es el que has comenzado hace relativamente poco y lo consideras muy interesante; el otro de los dos caminos, es una senda sinuosa que promete llevarte a otros lugares que pueden ser, más que interesantes, necesarios. Pasión y necesidad son dos cosas que a veces entran en conflicto y pocas veces se dan la mano.


Hay momentos en que la pasión se funde con la necesidad; es la esencia del ser humano confundir los elementos, mezclarlos, hundirse con ellos y resucitar al tercer día. Sin este proceso no sabríamos vivir. La confrontación dentro de nuestro espíritu es necesaria para crecer, aunque no sea fácil convivir con los conflictos personales.


La confusión llega a tal punto que tu mente se disocia de tu espíritu, eligiendo rápida y precipitadamente. No te das cuenta, tan sólo aquellos a los que la vida les ha hecho suficientemente sabios son capaces de ver más allá de tus pensamientos.

Cuando estás a punto de decidir el rumbo que creías mejor, sientes un pinchazo, como una especie de alarma. Intuyes que algo no está bien, intuyes cuál es el verdadero camino a elegir, pero todavía no quieres verlo.

Vuelves a sentir aquella sensación de desazón. Ya no es casualidad, ahora sí que sabes que por mucho que quieras, tu camino es otro.

Cierras los ojos y decides dar un salto de fe. A veces este salto a la intuición proviene de un elemento cercano a ti, una persona o una noticia; una mirada, el aliento de la persona amada o simplemente cerrar los ojos para sentir el vértigo que produce no saber qué te depara el camino elegido.


Lo único que sabes es que esa sensación, esa intuición, es la positiva, es la buena. Ahora estás seguro de lo que quieres. Desde lo más profundo de tu propia esencia ves el camino claramente, sin necesidad de realizar ningún tipo de prueba.

Así es como de repente te desbloqueas y la energía vuelve a fluir. Notas la energía emanar y cómo invade todo tu cuerpo. Son pequeñas chispas que se unen formando una gran luz de energía, que cubren todo tu ser y te da fuerzas para continuar. Continuar contra viento y marea; continuar porque sí, sin necesitar explicaciones; continuar por amor, enamorarse de lo que creamos e inventamos y sentirlo con todo nuestro ser, hasta estallar en mil fragmentos fundiéndonos con el universo, para luego, como el ave Fénix, volver a renacer.


A eso se le llama vivir.

Tocar la música con los dedos







Ayer en clase hablamos, entre otros conceptos, de la belleza. ¿Qué es la belleza? Cada uno tiene un concepto propio sobre ella. Hay personas que la ven en cualquier rincón, cual musa queriendo ser partícipe de su imaginación; otras personas acotan más el campo de visión, siendo más exigentes.

Personalmente la belleza la he visto siempre ligada a la música desde que empecé con ella. El hecho de que sea tan etérea y temporal la hace mucho más mágica. Es como un amante esquivo y has de saber aprovechar los momentos donde Terpsícore decide hacer acto de presencia.

Cuando empecé con la música visualizaba cada nota con un color: el do se me antojaba gris, el re de color rojo, el mi, amarillo, el fa lo imaginaba verde... Me divertía y me entretenía la gama de colores que veía al sonar una nota. Para mí eso era belleza.

Con el tiempo, como cualquier pintor, pasé de los colores planos a las formas redondeadas. Con las fugas de Bach observaba el volumen, porque la música también tiene volumen.

Los preludios de Bach podían hacerme apreciar la utilización del rojo y el negro, destacando aquello que era relevante a modo de Caravaggio.


Con la música clásica podía observar la forma, como la venus de Milo. Una forma delicada y sobria.



Escuchando según qué obras de Debussy podía visualizar los nenúfares de Monet.


Para apreciar la belleza de una obra musical no sólo hay que escucharla. Hay que observarla y no me refiero a la partitura si no al devenir de la propia obra, saborearla y apreciarla con todos los sentidos, desconectar de toda realidad para sumergirse en un mundo basado en la intuición, donde podemos dar luz a nuestros sentidos y nuestra creatividad. Eso es la belleza a mi modo de ver.

martes, 22 de noviembre de 2011

Culto al genio: la originalidad (II)

¿Porqué no hacer reír en vez de llorar? ¿Porqué el sufrimiento ha de ser el camino a la creación y no lo que nos hace sonreír? Particularmente prefiero a Víctor Borge y Marilyn Mulvey, con ellos he disfrutado de la música clásica como hace mucho que no lo hacía.





Reírse de los clásicos tan delicadamente que, en vez de parecer un insulto, sea un poema.
Eso es ser un genio.

sábado, 19 de noviembre de 2011

De los símbolos o códigos



¿Construimos nuestros propios símbolos? En cierta medida supongo que sí: un gesto mío puede no significar lo mismo en otro ser. Sí, estoy de acuerdo en que cada uno siembra sus propios códigos... O no, no estoy de acuerdo, no olvidemos que nuestros símbolos devienen de una determinada cultura y eso hace mucha pupa. El bagaje cultural que nos imponen, seamos de aquí o no, es como una especie de fardo y nosotros somos lo mulos que debemos cargar con ellos, con la obligación de transmitirlos.
Situémonos en nuestro mundo occidental. Un padre regaña a un niño, le exige que le mire a la cara. En ciertas zonas de África el niño, ante una situación semejante, agacha la cabeza. ¿Códigos? ¿Símbolos? Los utilizamos para comunicarnos con otras personas porque es la única forma que hemos encontrado para enjaular nuestros pensamientos, nuestros sentimientos. Y ahí está la trampa: ¿Acaso los códigos o los símbolos no mienten? ¿Acaso sirven realmente para una comunicación sincera, que nos acerque más a nuestros semejantes? Tan sólo son vox vacui, vacías.
Queremos hablar sinceramente, mirando a los ojos, con calidez y cariño. Romper las barreras emocionales y mentales para crear una sociedad realmente plural, sin hipocresías, desnudando el alma sin miedos y siendo conscientes de nuestra vulnerabilidad, pero al mismo tiempo no estamos dispuestos a romper el candado de las cadenas que atan nuestra conciencia.

domingo, 13 de noviembre de 2011

Creativi... qué?

Escribir es un largo camino. Unas veces pasamos por frondosos valles, con árboles, frutas y lagos transparentes que nos transportan a otro lugar, otro mundo, otra época. Otras pasamos por un largo desierto en el que no encontramos nada que consideremos interesante a nuestros ojos, donde vamos buscando un poco de agua con la que poder saciar nuestros dedos, nuestra imaginación. Vemos un reflejo, un oasis, pero al escribirlo nos damos cuenta de que tan sólo es un espejismo. Encontramos un pozo, pero al no tener un recipiente con el que recoger el agua la idea que sustraemos es pobre, se escurre ágilmente. Más que saciarnos nos deja un regusto terroso y seco que nos frustra más aún si cabe.

Pero a pesar de lo largo o pesado que pueda ser el camino, a pesar de las heridas y los golpes, el conjunto en sí se nos antoja interesante. Llegamos a lo alto de una montaña desde la que podemos observar todo lo que hemos caminado. La puesta de sol refleja delicadamente los ríos y los lagos atravesados, el color rojizo del desierto al atardecer, el verde moribundo de los bosques y selvas por los que hemos caminado. En definitiva, ha merecido la pena.

sábado, 12 de noviembre de 2011

Posos

Me gusta diseccionar la realidad porque considero que, a pesar de hablar entre nosotros, cosa muy positiva, no escribimos lo suficiente sobre aquello que queremos denunciar.

Las palabras vuelan, los escritos /lo escrito permanece, dijo Caio Tito en el senado romano. Estamos acostumbrados a hablar, a susurrar, a murmurar, a difamar, a quejarnos en el bar delante de una taza de café, dejando los posos de la rabia contenida dentro del pequeño vaso que es nuestra mente.

Rompamos de una vez el vaso, estrellémoslo contra el suelo, denunciemos la realidad pedagógica y social que envuelve nuestro trabajo, escribamos, abramos los ojos o al menos incitemos, provoquemos, chillemos. Pero no nos quedemos impasibles ante una cotidianidad apolillada que poco a poco carcome el papel de nuestra vida.


viernes, 11 de noviembre de 2011

Ya sEmos grandes, ya no juEgamos

Este año estoy en un centro de primaria. Lo que más me gusta es la sala de material: rotuladores, pinceles, plastidecores, lápices, cartulinas, ¡Folios de colores!... Además, este año han comenzado a realizar ambientes, lo que hace que se torne todavía más interesante (aunque no cambio la sala de materiales, me la pido para reyes).

Les decía a mis compañeras al principio de curso que me daba envidia esa sala porque en secundaria, por norma general, no tienes una sala con materiales: compras lo que necesitas y luego pasas la factura. A mi modo de ver pierde la magia. Lo comparo con el día en que te enteras de quiénes son los reyes magos: te dicen quiénes son y encima quieren que sigas con la tradición de los zapatos y el anís. Claro que si eres un poco jodón, el día en que te enteras buscas los regalos por toda la casa, a modo de venganza personal.

Y es que no sé qué pasa cuando los alumnos llegan a secundaria que de repente, en unos meses, les pedimos, mejor, les exigimos, que crezcan todo lo que no les hemos dejado crecer en sus primeros años de vida. Seguramente esto ocurre porque es más cómodo para nosotros. El adiestramiento ha de ir más allá y en vez de entender que sus hormonas hablan por ellos y que hay que tratar primero con ellas para entenderlos, preferimos matarlas a cañonazos.

Hace unos días conversaba con una compañera sobre el juego. ¿Porqué en primaria se nos anima a introducir elementos a través del juego y en secundaria en cambio parece que hay que renegar de ello? Su punto de vista era que debían aprender a madurar, si no, llegarían a la universidad y todavía estarían jugando.

Me vino a la memoria un fragmento de ¿Quién educa a quién? Educación y vida cotidiana, de Eulalia Bosch, donde defendía que en secundaria se debería fomentar el juego serio. Le comenté que había más de un pedagogo que defendía la postura del juego a estas edades, aunque no se convenció.

Buscando en mi bibliografía recordé que ja Piaget también defendía tres fases en la educación:

-Fase preoperativa. De 2 a 7 años. Coincide con el conocimiento del lenguaje y es paralela a un momento simbólico del juego en el que los alumnos emplean objetos representativos.

-Fase concreta. De 8 a 11 años. Dado que los alumnos comienzan a adquirir una abstracción de pensamiento, se llega al juego ordenado mediante reglas.

-Fase normal. De 11 a 15 años. Fase de finalización del desarrollo lúdico.


Recapacitemos: Fase Normal, FASE de finalización del desarrollo lúdico. No defiende acabar con el aprendizaje lúdico a los once años, dice FASE.

No me deja de parecer paradójico y bipolar un sistema educativo en el que se pasan nueve años de la vida del alumno desarrollando una pedagogía lúdica, que ayude al alumno a aprender y que, de un año a otro, éste deba hacer un esfuerzo titánico por cambiar el concepto educativo que nosotros, los grandes, que lo sabemos todo pero no escuchamos, le imponemos. Para mí se asemeja a una hermosa selva del Amazonas que hemos ido creando, fomentando y cultivando y que, de la noche a la mañana, las tropas americanas arrasan con tanques y queroseno. Desierto, puro desierto mental que hipócrita y cínicamente no entendemos.

No se trata de jugar por jugar, se trata de motivar, de fomentar el interés por el conocimiento. A mí me encantan las bibliotecas ergo... ¿A ellos también? No, no necesariamente. El docente ha de ser el canal por el cual el conocimiento se hace presente, sin imponer, observando por donde exploran nuestros alumnos. El juego es una herramienta más que ponemos a disposición del alumno y que podemos utilizar si creemos conveniente y aprovechable, como cualquier otra herramienta.

¡No! No al juego, no a la danza, no a tocar diversos instrumentos, no al riesgo, no a la pasión, no a la vida... A mí me huele a docente rancio y resentido.

jueves, 10 de noviembre de 2011

ART: mil i una formes d'entendre el món... (III)

Hace unos días, hablando con mis alumnos, les explicaba que, cuando tenía una idea, un pensamiento, una emoción, un sentimiento, una serie de hormiguitas se acercaban a mi oído y me susurraban lo que habían estado tramando durante el día.

Ellos me respondieron que también sentían hormigas. Les pregunté si las querrían dibujar para que las viera y poco a poco me han invitado a observarlas.

Pero ¿Qué son las hormigas?





¿Son las cosquillas que sentimos en el estómago?










Nos ayudan a entender qué pasa en nuestra mente y en nuestro corazón.










Unas son más rápidas y otras más lentas, pero todas son imprescindibles.









¿Se ayudan unas a otras? ¿Trabajan en equipo?






Observo a mis alumnos hablar casi en secreto, confesándose cosas que los adultos tan sólo tenemos derecho a intuir. Su mundo nos queda demasiado grande para nuestras hormigas tan adiestradas.

¿Y usted, Señor Mutt? ¿Escucha a sus hormigas o le persiguen a través de sus sueños?
¿Y vosotros?

martes, 8 de noviembre de 2011

¿?


Para emancipar a otros hay que estar uno mismo emancipado. Hay que conocerse a uno mismo como viajero del espíritu, semejante a todos los demás viajeros, como sujeto intelectual partícipe de la potencia común de los seres intelectuales.


El maestro ignorante
Jacques Rancière


¿Somos instructores o emancipadores? ¿Nos educaron de cara a ser maestros emancipadores? En caso negativo... ¿Podemos modificar nuestra metodología? ¿Hasta qué punto?

Según Jacques Rancière el problema de la ignorancia no es que no seamos suficientemente inteligentes si no que seamos tan perezosos como para no salir de ella. Así pues, siguiendo el hilo del autor, deberíamos poder modificar nuestra visión respecto a la educación. Pero ¿Basta con la voluntad realmente? ¿Necesitaríamos otro elemento?

Jacques Rancière no habla de la curiosidad. Mis hormigas observan ambos conceptos: voluntad y curiosidad. Hablan entre ellas y me susurran al oído. Como docente, desarrollar la curiosidad en los alumnos es similar a hacer magia. El mago es capaz de explicar cualquier cosa, incluso gesticulando simplemente, que los alumnos seguirán la explicación como si estuvieran hipnotizados. Cuando se producen estos momentos tan mágicos, si prestamos atención, nos daremos cuenta que se está gestando la luz de la curiosidad, que bien gestionada acompañará toda la vida al alumno.

La curiosidad nos lleva directamente a la creatividad, a la exploración, a no temer nunca más a la hoja en blanco, a apreciar las cosas más sencillas, un detalle, un pequeño regalo, una sonrisa, imaginar que todo es posible, confiar, ilusionarse por aquello que hay que hacer, realizar las cosas lo mejor posible, ver el mismo árbol diferente, encontrar novedades en lo cotidiano, encontrar nuevo lo viejo, valorar cada momento, sorprender y dejarse sorprender, dibujar mientras escribes, abrir con ilusión una caja aunque esté vacía.

Después de hablar de la curiosidad, mis hormigas observan de reojo la voluntad. No se acaban de fiar y se apartan cautelosas. Observo junto a ellas el término de forma aislada, como si de una muestra se tratara, al microscopio y me pregunto cómo puede cultivarse la voluntad. ¿Es lo mismo voluntad que disciplina? Si queremos desarrollar la voluntad podemos caer en el craso error de confundirla con la instrucción y alejarnos del concepto de emancipador.

¿La solución es crear disciplina para tener voluntad? ¿Hay que fomentar la curiosidad para llegar a ella? ¿La voluntad es intrínseca o extrínseca? ¿Moldeamos a los alumnos engañándonos a nosotros mismos respecto a nuestro trabajo? ¿Cuando pedimos silencio instruimos? ¿Es necesario o bien no tenemos a las musas de nuestro lado para cautivar a los alumnos con el don del gesto, de la palabra, de la mirada?


sábado, 5 de noviembre de 2011

El arte del piano

Mi biografía de solista apenas puede servir de ejemplo para un debutante. Habiendo terminado la Meisterschule con Godovski, poco antes de la guerra de 1914, fui absorvido inmediatamente por el torbellino de la actividad pedagógica y, por si fuera poco, con alumnos mediocres. He enseñado en Elisavetgrad, Tiflis, Kiev y Moscú desde 1922, siguiendo un camino más bien arduo, absolutamente contraindicado para un concertista y que hoy sigo aún, llegando a la edad de los cabellos blancos. Me permito esta disgresión autobiográfica para poner en guardia a los jóvenes pianistas que tienen ciertas dotes para los conciertos contra el peligro de una orientación prematura hacia la enseñanza. El violinista J. Szigeti, sabiendo que yo tenía cerca de treinta alumnos gritó: "¡Pero esto es un suicidio!". Bien entendido, el trabajo con algunos alumnos dotados no puede perjudicar al intérprete. Todo es cuestión de cantidad y calidad. (pedagogía "homeopática"). La solución ideal, tanto para el artista como para el público, sería que el concertista no se entregue a la enseñanza antes de 40-45.

El arte del piano
H. Neuhaus


Siguiendo el proverbio oriental no hay malos alumnos, sino malos profesores, la mediocridad de los treinta alumnos de Neuhaus revela la enorme, profunda y absoluta mediocridad del maestro.




jueves, 3 de noviembre de 2011

Dentro · Fuera · Al margen

Si no se estudia no se puede elegir estar dentro,

fuera o

al margen del sistema

Extraído del corto La escuela de la calle

El lunes tuve el enorme gusto de ver un corto muy interesante en el CaixaFòrum llamado La escuela de la calle, dirigido por Maximiliano González. El documental describe un instituto de Buenos Aires llamado Isauro Arancibia, un centro poco común, ya que se dedican a dar clase a todos aquellos niños que no tienen donde vivir.

La directora del centro hablaba de lo incómoda que era la situación para el propio gobierno ya que, al rellenar la ficha del alumno, hacían la observación de que no tenían hogar.

Por otro lado se estrevistaba a diferentes alumnos del centro y a otros docentes. Los alumnos estaban de acuerdo en lo mucho que les estaban ayudando en el centro; los docentes afirmaban que aquellos alumnos no podían ser "medidos" con el sistema educativo general ya que de ese modo no conseguían nada del alumno.

En España tenemos barrios marginales: en Sevilla, las 4.000 viviendas; en Barcelona, San roque o La Mina; en Palma, Son Gotleu o Son Vanya, etc. Pero curiosamente cuando vas a rellenar el formulario para las sustituciones del año siguiente, lo primero que te aconsejan es que no escojas tal o cual barriada porque...

Me pregunto porqué trabajamos como docentes. Por ejemplo un médico ha de estar dispuesto a atender a todo el mundo. No es fácil, también he tenido mi experiencia, pero creo que nos hemos vuelto muy cómodos. La educación se ha vuelto en cierto grado como ir a la pescadería: córtalo en filetes; no ese no, que no me gusta... Y así, vamos haciendo.

No va tan mal la educación, pensamos, pero ¿Alguien le ha preguntado al docente que lleva años luchando contra la marginalidad? Es que ellos se marginan, ¿Alguien ha leído un poco de historia? Porque la historia demuestra el resultado actual de algunos círculos culturales/étnicos, etc. Es que no obedecen, ¿Alguien se ha planteado que posiblemente el método educativo "normal" que nos convierte en "normales" no sea aplicables a ellos?

Seguramente eso es lo que nos preocupa. Una vez, una profesora de un centro conflictivo me dijo lo motivador que era su trabajo porque cada día debía pensar en cómo hacerse con los niños y eso la hacía sentirse viva. Todo un ejemplo a seguir.


La educación es un derecho, pero para muchos niños es un sueño.

miércoles, 2 de noviembre de 2011

Buceando por la mente...




¿Por qué Nijinsky siempre habla de dios?, él se ha vuelto loco, él es un bailarín y nada más, el arte es independiente de la sociedad, aun así reclaman que sea educativo, ellos afirman que soy la danza pura, pero se equivocan, porque en la danza está dios, no sólo se trata de un simple entretenimiento, inofensivo, todo lo contrario, la danza ancestralmente ha sido tribal, peligrosa, los antiguos guerreros danzaban, devoraban la carne de sus niños, se embriagaban en su sangre núbil antes de empezar una lectura, los rechonchos críticos, en cambio, con sus trajes costosos, están allí sentados aplaudiendo, o soñolientos, lo han olvidado todo, por eso ....

Vaslav Nijinsky

sábado, 29 de octubre de 2011

Alexandre Magne

Els alumnes de tercer d'ESO volien ballar hip-hop i mentre aquest somni era això, un somni, no els va preocupar massa. Va ser en el moment que vaig dir comencem a ballar hip-hop quan els alumnes van fer-se enrere.

En moments com aquests pots fer dues coses: dir que es farà una activitat i prou o fer com Alexandre Magne i ésser el rei de la manada. Vaig fer un discurs sobre superar-se un mateix, sobre ser coherent.

-Com a docent he estat coherent amb vosaltres? - vaig preguntar.
-Sí - van respondre.
-No he fet allò havíem acordat? - vaig remarcar.
-Sí - em tornaren a dir.
-Doncs ara vos toca ser coherents, superar els vostres murs... O penseu en ésser uns covards tota la vida? Hem de superar barreres, sinó sempre ens quedarem on estem!!

Penso que és el més a prop de Hitler que estaré. Solament em faltava dir Achtum! i caminar sobre la ciutat de Sabadell. I és que no és qüestió d'imposar, és qüestió de motivar, d'incentivar, de fer-lis entendre que ho poden fer. Nosaltres com a adults, que ja tenim tants esquemes arrelats que no som capaços de sortir d'ells, hauríem d'ésser els primers en entendre aquestes situacions.

Sabia quin era el problema real. El problema no era ballar hip-hop, el problema era ballar sols perquè se sentien més exposats que de costum. El ballar amb un company o companya els feia sentir protegits. Ballar tot sol suposa haver de demostrar-se a un mateix que pots fer les coses o no. Així els hi vaig fer saber.

Per tal de no ser massa dura vam fer un tracte: podien ballar en grups per tal de sentir-se més acompanyats, la qual cosa els va motivar.

És clar que, igual que Alexandre Magne, quan ets el rei de la manada, també has de donar exemple. Quan l'alumna que ensenyava hip-hop em va dir hem de ser capaços de superar els nostres murs arrossegant-me per ballar, vaig adonar-me del monstre que havia creat. Volia negar-me, però no vaig poder evitar-ho, tenien tota la raó. Em van donar una bona lliçó d'humilitat, pot ser de les més importants que m'han donat en la meva vida.

I vostè, senyor Mutt, balla? I vosaltres? Intenteu ser coherents respecte al que digueu? Intenteu enfangar-vos? Quina és l'activitat amb la qual vos heu sentit totalment realitzats?

jueves, 27 de octubre de 2011

El caracol

Calen espais buits d'autoritat, perquè aquesta potència que cada nen i cada nena representen pugui aflorar i entrar en joc.

Eulàlia Bosch

Hace poco que estoy con alumnos de primaria y no dejan de sorprenderme. A mi grupo les encanta los animales. Supongo que es normal y que a todos los niños les gusta estar en contacto con ellos, ahora bien, mi grupo es de aquellos que se pasan parte del patio buscando bichitos por aquí y por allá. Bichitos que acaban en mi mesa. Bichitos que a veces no cuidan y que acaban estirando la antena/pata/etc.

Hoy estuvimos hablando de las consecuencias de no cuidar a los bichitos que traemos a clase. Aprovechando este incidente les comenté que días atrás, en la calle, me había encontrado un caracol que tenía la cáscara magullada. De hecho, reaccionaba bruscamente a cualquier cambio a su alrededor, por muy sutil que sea.

-¿Qué creéis que le pudo pasar? - pregunté.
- ¿Lo pisó un camión? - preguntó Ángel.
-¿Quién le haría daño? - preguntó Araceli.
-Puede que esté asustado - inquirió Javi.

Les comenté que además, cuando se arrastraba, parecía no poder con su casita. Estuvimos comentando que podía ser consecuencia de la magulladura que sufría. Después de debatir porqué un caracol había llegado a aquella situación, aproveché para comentar las diferentes técnicas de trabajo de cada alumno.

-¿Todos realizáis los trabajos igual de rápido? - pregunté.
-No - respondieron al unísono.
- ¿Y qué podemos hacer si todos no vamos al mismo ritmo? - pregunté.
-Ayudar a los compañeros que tengan problemas - respondieron a la primera.

"Ayudar a los compañeros que tengan problemas", respondieron unánimemente, sin necesidad de edulcorar la situación, ni dirigirla. ¿En qué momento el ser humano pierde su capacidad de empatizar con otro ser? ¿En qué momento nos olvidamos de nuestra propia fragilidad?

martes, 25 de octubre de 2011

La tetera de la discordia

Soy una tetera, soy guapa y rechoncha, tengo asa, panza y soy muy redonda. Cuando esté hirviendo oirás un silbido. Inclínate, cógeme y el té estará servido.

Canción popular extraída de La tormenta perfecta

Tenia ocho años cuando la profesora me puso delante un set de bricolage, es decir, una pequeña bolsa con trozos de madera para pegarlos entre ellos.

La profesora empezó a explicar cómo debíamos pintar los trozos y unirlos entre sí a fin de tener un colgador en forma de tetera. Para limitar un poco más nuestra curiosidad nos puso dos colores: A nuestra derecha teníamos la pintura blanca y a nuestra izquierda el barníz. Además, por si acaso nos volvíamos anarcas, las flores de corcho sólo podían ser amarillas, rojas o azules.

Era una buena docente y como tal nos explicó a todos que el cuerpo de la tetera debía ser blanco mientras que la tapa, la base y la boquilla de la tetera se tenían que barnizar. Era sencillo y si lo encontrabas complicado tan sólo debías observar al compañero.

Desde el principio la tetera se me atravesó ¿Porqué debía ser blanca? Claro que tenía una en casa pero podía ser que las teteras cambiaran de color. Quizá si me hubieran dado una razón lógica no hubiera tenido tanto problema. Pero ¿Porqué blancas? Si es un color insípido, ¡Inútil!

Le pregunté a la profesora cómo se debía hacer. A veces tenía problemas para poder entender cómo realizar una actividad, así que ella me lo explicó una vez más. Seguía sin estar segura ¿Blanca? Volví a preguntar y esta vez, al no tener una respuesta corporal positiva, decidí abandonar el barco y acabar con la tetera de forma rápida.

Ahí estábamos los treinta alumnos pintando nuestra tetera cual niños tercermundistas haciendo lo último de Nike. Coloreé todas las piezas, las pegué, pinté mis flores y, en el preciso instante en que las iba a pegar un compañero señaló con sorpresa que mi tetera no era como las demás.


La profesora se acercó rápidamente y observó mi traición, porque, aunque no lo dijera, cambiar el color de aquella tetera significó traicionar al régimen escolar. Lo siguiente que escuché fue una bronca monumental. Me sentía dentro de una película de terror, sobre todo porque no acababa de entender qué pasaba. Frases difusas pasaban por mi cabeza: ¿Porqué se enfada? o Es sólo una tetera o ¿Le va a gustar menos a mi madre? o ¿Blanca?

Ni los jinetes del apocalipsis, ni el propio Belcebú podrían haber parado a aquella mujer, que poco a poco se iba encendiendo más y más hasta conseguir que rompera a llorar.

Hoy por hoy me pregunto qué hubiera pasado si, en vez de enfadarse, me hubiera preguntado porqué la pinté de aquella manera o si hubiera investigado si tenía algún problema en la escuela o si bien hubiera alentado mi originalidad casual.

Cuando se secaron todas las teteras las envolvimos. Cuando la profesora, más calmada, me dio mi tetera, un compañero se acercó al mismo tiempo a la mesa. Observó la tetera y espontáneamente dijo ¡Le ha quedado mejor que a nosotros! La mirada, fría y penetrante de la profesora era un poema.

lunes, 24 de octubre de 2011

El profesor de piano

Era un buen profesor de piano... No había duda. Algo estricto quizá pero en el fondo buen profesor.

El pianista retirado observaba los premios que había ido consiguiendo a lo largo de su carrera. Empezó a tocar con cuatro años y a los ocho debutó en el Carnegie Hall con una obra que sus dedos todavía podían recordar... Acariciaba con éstos el sofá donde permanecía sentado desde hacía media hora escuchando a un alumno nuevo. No es que tuviera grandes posibilidades pero era dinero contante y sonante. Y de eso siempre necesitaba más.

El pianista se levantó del sofá – casi se duerme con el “pequeño recital” del muchacho- y empezó caminar para estirar un poco las piernas.

  • ¿Y bien? ¿Qué le pareció? - Preguntó el alumno.

  • Bien... No está nada mal... No está nada mal... Si quieres prepararte para las pruebas en Viena tendremos que trabajar duro... ¿Lo sabes?

  • Sí, por supuesto, soy consciente.

  • ¿Sabes que mis clases son... caras?

  • Sí, lo sé... Pero estoy dispuesto a correr el riesgo.

Hablaron un rato más y luego se despidieron.

  • Por cierto es un mi bemol.

  • ¿Qué?

  • El primer pasaje de la balada es un mi bemol.

  • ¡Ah! ¡Gracias!

Por fin se había largado... ¡Dios! Qué tostón de clase...

El pianista vivía en un pueblecito de las afueras... Era un pueblecito muy singular porque la mayoría de sus habitantes no habían salido casi nunca del pueblo. Eran muy particulares estos campesinos. Una de estas rarezas eran sus manos ya que a casi todo el mundo le faltaba el dedo meñique. Era algo apabullante.

Sonó el timbre. Seguramente era el tostón de las 18h.

  • ¡Hola! ¿Cómo estás? - preguntó el profesor al niño de ocho años.

  • Bien... He... He estudiado mucho- respondió el muchacho.

  • ¡Muy bien!

Pasaron al salón y el niño empezó a tocar. De repente se quedó estancado en una pequeña pieza de Beyer... El pobre todavía tenía los dedos muy débiles como para tocar esa pieza pero el profesor confiaba en que poco a poco se adaptaría.

  • Bueno, bueno... ¡Se nota que has estudiado! - dijo el profesor sonriente.

  • ¿De verdad? - preguntó el niño.

  • Sí, de verdad... Cuidado con esta nota, ¿La ves?- respondió el profesor.

  • Sí... - afirmó el alumno.

  • Esta es...

  • Un... ¡Un do!

  • ¡Muy bien! ¡Lo estás haciendo muy bien!- le felicitó el profesor.

  • Gracias – respondió el niño con mirada de admiración hacia aquel personaje extranjero.

  • Cuidado no te vuelvas a equivocar... O te cortaré un deditoooo – le dijo el profesor haciéndole cosquillas.

El niño rió estruendosamente mientras el profesor también lo hacía. Al principio tal broma no fue bien acogida por el pueblo. Ya se sabe... con esa particularidad de las manos no era cuestión que ningún extranjero viniera a reírse pero luego se fueron acostumbrando a él. Sí, esa es la palabra... acostumbrando, porque aceptar es una palabra que casi no se aplicaba ni para los propios pueblerinos.

El profesor de piano había llegado a aquel pueblo después de hacer alpinismo con unos amigos. Habían empezado a escalar los pirineos y, cuando parecía que estaban perdidos, después de tres días sin alimentos, congelados, unos hombres los encontraron.

Todavía no sabía exactamente cómo había llegado a aquel pueblo. Sólo sabía que era un pueblo que ni aparecía en los mapas y que consiguieron llegar gracias a aquellos hombres. Lo triste de todo ello es que él perdió dos dedos de la mano y decidió quedarse allí antes que volver, derrotado por la naturaleza.

El profesor de piano miró a través de la ventana... Era curioso lo bonito que era ese pueblo y lo mucho que lo aborrecía. Tan sólo estaba allí por orgullo, por no querer contar al resto del mundo que perdió dos dedos en una mísera batalla contra los elementos.

Miraba a la gente del pueblo. Casi todos habían sido alumnos suyos, casi todos. Aún quedaba alguno que se había rezagado y que no se había atrevido a dar clases.

Se sonrió por un momento mientras sonaba el timbre. Debía ser el tostón de las 19h.

  • ¡Hola, profesor!

  • ¡Hola, querido! - respondió el profesor con una sonrisa forzada.

Llevaba días que no podía soportar a aquel alumno... sí... tocaba de pena. Muchos hablaban por entonces de pedagogía pero él sabía en su fuero interno que la pedagogía era para pusilánimes... Estos niños necesitaban disciplina.

Empezó a tocar la misma obra de siempre... Con los mismo fallos, los mismos errores.

  • A ver ¿Cuántas veces te he de repetir que esto no es así? - le preguntó el profesor.

  • Lo siento... He estudiado... de verdad... - dijo el niño temblando.

  • No, si yo te creo... Pero dime... ¿Cuándo cumpliste los ocho añitos?

  • La... La semana pasada... profesor – dijo el niños con lágrimas en sus ojos.

  • Sabes que dejo tres añitos de margen para que os pongáis las pilas pero veo que seguíis sin entender que hay que trabajar duro...

  • Lo... Lo siento, de verdad – dijo el niño sollozando.

  • Sí, claro ¿Cuánto tiempo llevas intentando tocar el concierto nº18 de Mozart? ¿Cuánto?

  • Pero... Pero es que...

  • ¡¡Pero nada!! ¿Sabes lo que te va a pasar?

El niño asintió. El profesor de piano era muy severo con sus alumnos y no perdonaba a nadie. Con siete años tenía que saber tocar aquel concierto.

  • ¿Sabes que yo toqué ese concierto a tu edad?

  • Sí... lo sé.

El profesor le tendió la mano para recibir la manita del pequeño. Era una manita pequeña y redondita, nada que ver con las manos de los pianistas. A lo mejor llegaba a ser un buen profesor el día de mañana pero no un gran pianista.

Cogió la mano del muchacho y la puso en una mesa. Era una mesa especial ya que era más alta de lo normal. El color era de un rojizo que no se distribuía de forma uniforme.

El profesor de piano agarró fuertemente la mano del niño mientras con la otra mano cogía un cuchillo.

El dedo pequeño salió volando acompañado de un chillido desgarrador por parte del niño y su consecuente desmayo. Todavía quedaban restos de otros dedos en el lugar.

Sonó el timbre. Seguramente era el padre de la criatura. Se afanó en envolverle cuidadosamente la parte sangrante de la mano mientras que abría la puerta.

  • Lo siento, a mí me duele más que a ustedes hacer esto pero ya saben...

  • Sí,sí... claro – respondió el padre mientras miraba al hijo medio inconsciente – eres un fracaso... eres un fracaso.

  • Lo siento, de verdad... - murmuró el niño encogido de dolor.

El pianista cerró la puerta tras de sí... Desde que él había llegado muchos de los pueblerinos habían perdido su dedo intentando tocar piano, pero tenía que buscar al pianista perfecto, sabía que existía en ese lugar, lo sabía... Y cuando lo encontrase tendría preparado su mejor cuchillo... nadie le haría sombra...



Ilustración: Lali Rivero

domingo, 23 de octubre de 2011

Tesi transmoderna sobre la Història de la Literatura a la llum de la sociologia, la politologia, l'antropologia, la crítica literària i la filosofia



El placer de leer

Todos somos muy ignorantes. Lo que ocurre es que no todos ignoramos las mismas cosas

A. Einstein

Hoy no puedo dormir. Las hormigas están nerviosas y no paran de llamar mi atención. Me revuelvo en el sofá, que poco a poco se ha ido haciendo más y más incómodo, y empiezo a leer.

La lectura ha sido y es una de mis pasiones favoritas. De pequeña, siempre que salía a comprar alguna cosa conseguía de un modo u otro que me compraran un libro. Me daba igual el color de los zapatos o del jersey, quería un libro.

Poco a poco ese camino me llevó a escribir, cosa que, mejor o peor, me ha ayudado a expresar mis ideas y pensamientos.

Pero no es todo oro lo que reluce porque siempre hay más libros que leer y más cosas que aprender.Te diriges a un docente universitario con tus pajas mentales (porque a fin de cuentas no son más que eso), confiado en que puedas aportar ideas. Hasta que empiezas a leer los libros (in)adecuados.

Ent
onces, sólo entonces entras en un mundo oscuro, porque la buena lectura hace que comiences a escarbar en lo más profundo de tus pensamientos, en tu propio ser, es lo mismo que mirarse a un espejo. Te reconoces en algunos libros entendiendo que tan sólo eres una de esas hormigas que recorren tu mente, todavía peor, ¡Eres más pequeña que tus propias hormigas!



Ellas, sabidas de esto, aprovechan tu desventaja para atraparte: saben que te estás haciendo cada vez más y más pequeña, sin haber probado nada de lo que tomó Alicia en el País de las Maravillas. Divagar por divagar no les sirve de nada, se ríen de mí y eso me desespera. Es ahí, en ese preciso instante (momento, como lo llamaría Ana en su blog) cuando de alguna manera, no sabes bien cómo, pasan tus pensamientos rápidamente por tu mente y dejan de tener sentido. Te desnudas y te haces consciente de tu propio ser, de tu propia inutilidad, de tu propio vacío confuso. Estás renaciendo, mudando de piel, siendo consciente de tí mismo y de tu ignorancia.

Las hormigas están a punto de devorarme, pero como diría Juanjo Sáez (o su madre) en Arte, conversaciones imaginarias con mi madre, es en los peores momentos cuando se agudiza el ingenio. Esperemos que sea así antes de que me haga demasiado pequeña.

jueves, 20 de octubre de 2011

El cordero del Principito

Y le espeté:

- Esta es la caja. El cordero que quieres está adentro.

Pero me sorprendí mucho al ver que se iluminaba el rostro de mi joven juez:

- ¡Es exactamente así que lo quería ! ¿Crees que este cordero necesite mucha hierba ?

- ¿Por qué ?

- Porque en casa es todo pequeño...

- Seguramente le alcanzará. Te di un cordero bien pequeño.

Inclinó la cabeza hacia el dibujo:

- No tan pequeño... ¡Mira! Se durmió...

Y fue así como conocí al principito.



¿Qué hubierais dibujado vosotros? ¿La caja o el cordero?

Uno de los factores más importantes, tanto dentro de la docencia como en el arte, es la imaginación. Esta semana ha surgido este concepto en el aula, con los compañeros, y hoy ha sido uno de esos días en los que, como si de una señal se tratara, se ha hecho aún más patente.

Todo empezó en el patio, cuando dos alumnos de primero de primaria se acercaron muy serios y me dijeron que sabían hacer desaparecer su casa diciendo abra cadabra, pata de cabra. Atónita al principio me quedé mirándolos fíjamente hasta que recordé que a su edad hacía lo mismo, es más, recuerdo cómo los compañeros del aula nos disputábamos el derecho a poder hacer desaparecer cualquier cosa.

Les respondí que, cuando era pequeña, conseguía hacer lo mismo pero que, con el tiempo, el conjuro me había dejado de funcionar. Cuando les dije eso me miraron inquisitoriamente, alentándome a que lo intentara. Cuatro ojitos curiosos me miraban insistentes esperando mi respuesta. Así que, decidida, recité el conjuro de nuevo: abra cadabra, pata de cabra y ¡¡He aquí que, curiosamente, mi casa ya no estaba!!

Ilusionada por ello desde hace cinco minutos no hago más que repetir dicho conjuro insistentemente, con la ilusión de que no me lleguen más facturas. Repito las palabras mágicas cual mantra budista y he de decir que, desde que he empezado, no he recibido ninguna carta de gas, luz o agua. ¿Será cierto que funciona?

La imaginación es la puerta a otro(s) mundo(s), como si fuera la sala de los menesteres de Harry Potter, ya que en ellos guardamos nuestros más profundos deseos y temores. Gracias a ella podemos conseguir que nuestros alumnos se interesen por cualquier materia, conseguir volar, soñar, crear... acercarnos a ellos, entender su mundo y sobre todo no olvidarnos de nuestro lado infantil. Porque, todo sea dicho, muchas veces nos olvidamos que nosotros también hemos hecho desaparecer casas.

miércoles, 19 de octubre de 2011

ART: mil i una formes d'entendre el món... (I)

Tenemos el arte para no perecer a causa de la verdad

F.W.Nietzsche


Molts ens hem refugiat a la cova de l'art per expressar allò que consideràvem necessari cridar i que pot ser no era suficientment escoltat. Això dóna pas a un enorme abanic de possibilitats, ja que cada persona té un concepte totalment diferent de l'art.

Sempre m'ha agradat observar la gent, veure quin és el seu tarannà, quin tipus de música feien o bé quin tipus d'art(s) havien elegit per desenvolupar-se com a persones. A través de les pel·lícules he desenvolupat la passió d'observar els costums d'altres països i la forma de narrar històries. Per exemple, les pel·lícules nòrdiques tenen un tempo lent, es recreen amb la història que conten, sense pressa. Tens la sensació de viure per uns moments a càmera lenta i et fa reflexionar sobre com una història, si està ben narrada, no necessita bombardejar l'espectador amb imatges ràpides. D'altra tenim el cinema anglès, amb un tempo més ràpid però amb una cultura teatral ben assortida. Per exemple, Imelda Stauton, gran actriu anglesa, té gran experiència al teatre, la qual cosa es reflecteix a les pel·lícules que ha realitzat com per exemple el gran film El secret de Vera Drake.


El mateix passa amb l'art. Cada cultura té una forma d'expressar l'art totalment diferent. L'òpera xinesa conjuga teatre, maquillatge, música entre d'altres, mentre que els musicals de Londres tenen una expressivitat totalment diferent. La dansa també és un indicatiu del caràcter de la gent, la pintura, l'escultura, la música...

Fa un temps tenia un company de feina, docent de llengua castellana, que un dia es va dedicar a escriure en diferents llengües, fent que els alumnes coneguessin diferents escriptures i aprofitant la varietat cultural de l'aula. Com a músic em veig en l'obligació de prestar atenció a allò que els alumnes consideren part de la seva vida. Molts pensareu que als alumnes de l'ESO tan sols els agrada el reggaeton o bé el pop barat. Aneu molt errats: els agrada el reggaeton però no el que arriba aquí, si nó l'autèntic, el que era mescla de reggae i de música centreamericana; els agrada el hip-hop, el rap (composen i canten), el flamenc (alguns són vertaders experts en flamenc coneixent a Farina, Manolo Caracol o Antonio Molina i fins i tot improvisen de meravella), la música àrab (els nens marroquins toquen el djembé tant sols com en grups), etc.

El crisol de cultures dintre d'un aula pot arribar a ser excepcional i és una oportunitat d'apropar-nos al món que envolta l'alumne. A partir d'ahí tenim l'oportunitat de mostrar la música que volem ensenyar i és que de vegades se'ns oblida que hem de donar exemple i primer escoltar abans de parlar. Alguns alumnes han posat de manifest la repulsió que senten cap aquells docents que pensen que ho saben tot i que no els escolten i considero que és una reflexió força madura per un alumne de catorze anys, el suficient com per reflexionar sobre ella.

De vegades escoltem comentaris tal com aquest alumne és impossible o bé és que no m'escolta. Però ens hem aturat a parlar amb aquell alumne? L'hem escoltat? O tan sols ens agrada escoltar-nos a nosaltres mateixos? Perquè de vegades dóna la sensació que ens agrada llepar-nos el melic.






domingo, 16 de octubre de 2011

La cocina es arte


Crecí en una familia sencilla. Tengo la suerte de tener una madre que se ha desvivido por mí. Recuerdo las tardes en que la pobre intentaba hacerme entender que no se podían sumar monedas con caramelos. Pero si es mío ¿Porqué no puedo? le preguntaba. Y no salía de mi concepto propio de matemáticas.

Esto también pasa con el arte. Si yo considero arte una cosa determinada ¿Porqué otra persona me tiene que decir lo contrario?

En el libro El factor ¡Wuau! El papel de las artes en la educación, la escritora, Anne Bamford, deja muy claro, entre otras cosas, los diferentes conceptos de arte alrededor del mundo: la caligrafía en China, en Bután dividen las artes en tradicionales y modernas... Llegamos a la conclusión que el concepto de arte que tenemos es muy reducido. Delimitamos y creemos ser jueces capaces de distinguir qué es arte y qué no, sin importarnos a veces el punto de vista de los demás.

Tuve la suerte de crecer junto a un hombre totalmente renacentista, aunque creo que lo ha descubierto hace relativamente poco. Me acuerdo que de pequeña iba a ver a mi padre trabajar en la cocina. Inmerso en su mundo me sonreía y seguía caminando rápidamente por el largo pasillo de la cocina, unas veces con fruta, otras con una tarta enorme, con colores suaves que invitaban a probarla.

Poco a poco fue desarrollando sus propios platos y hace unos años descubrió el azúcar y sus grandes posibilidades. Muchos le dijeron que era muy difícil realizar figuras de azúcar y menos de según qué tamaño, pero él pensó que si otra persona podía hacerlas él, también.



Años después empezó a escribir sus recetas de cocina. Sigo observándole con el mismo semblante ceñudo, concentrado en sí mismo, en lo que tiene que escribir. Además, por si fuera poco, realiza las fotos de los libros, creando la imagen perfecta, eligiendo el plato que haga resaltar adecuadamente la receta.

Pero lo que más me sorprende es que, poco a poco, se ha acercado a la escultura, tanto de azúcar como de hielo, preparando numerosas puestas en escena: luces, hielo sintético para que haga humo, colores... Y es que nunca ha dejado de imaginar. En su mente hay tantas cosas por explorar que no se cansa, no se agota.

Creo que ello es debido fundamentalmente a un rasgo de su carácter que no ha perdido durante todos estos años: la curiosidad por aprender de los demás y el esfuerzo continuado. La perseverancia de querer hacer las cosas bien como modo de generosidad hacia los demás.

Y es que ¿No es el arte un acto de amor? ¿Un acto de generosidad para con los demás? Os invito a que veáis y disfrutéis de sus dulces obras de arte.



http://www.lacocinaesarte.com/

sábado, 15 de octubre de 2011

MUS-E


Las personas tendemos a volver a repetir esquemas. Y muchos. El clasicismo bebía de los patrones de la misma Grecia; el barroco, del renacimiento y el romanticismo a su vez del barroco, y hoy día las influencias artísticas son realmente variadas, creando un crisol de estilos que nos permite escoger aquello que consideramos interesante.

Pedagógicamente hoy por hoy hablamos de la pedagogía sistémica (Bert Hellinger), de interdisciplinariedad, de las múltiples inteligencias (Gardner)... Y de la educación en valores. Todo ello es interesante y a la vez nos invita a la reflexión sobre qué hacemos y qué podemos hacer como docentes.

Una de las cosas que algunos docentes aplicamos es la educación artística en valores. Y nos ernorgullecemos. Consideramos que estamos cambiando el mundo o al menos, lo intentamos.

En 1994 nace la fundación Yehudi Menuhin, una fundación que en principio defendía que la música debía ser accesible a todos. Pero aquello fue tomando cuerpo, abarcando así a todas las artes, convirtiéndolas en la vía de desarrollo de los valores, donde no había distinción de razas y se fomentaba la solidaridad.

Es interesante observar cómo volvemos a un renacimiento de las artes, esta vez dentro de la propia educación. Aunque si queremos un renacimiento educativo, lo primero que deberíamos hacer es entender que el docente no ha de desarrollar solamente su labor educativa, si no también otros aspectos artísticos.

Seguramente, señor Mutt, se pregunte qué quiero decir con ello. Es muy sencillo ¿Cuantos cursos o cursillos hemos realizado en estos últimos años tan sólo por unas oposiciones? ¿O porque "hay que hacerlo"? ¿Por qué no nos hemos planteado enriquecer nuestras habilidades de otro modo?

Mi pensamiento va dirigido al estudio pedagógico y la práctica artística. El primero es fundamental para poder dar clase. Un curso en el que nos expliquen cómo dar clase no es suficiente; un máster no es suficiente; la vida entera no es suficiente. Muchos de nosotros hemos aprendido a dar clase de la forma más cruda posible: sin tener ni idea de pedagogía. Algunos consideran que el sueldo no está mal y hacen un mínimo; otros se replantean la necesidad de desarrollarse para poder transmitir aquello que creemos necesario e interesante. Y ahí reside parte de los problemas de nuestro sistema educativo, un sistema dividido en aquellos que no se reciclan y aquellos que sí. Un sistema donde a veces priman las diferencias personales y profesionales más que los propios alumnos. En resumen, un sistema donde padres y docentes no se unen para ayudar a los alumnos a crecer intelectual, emocional y personalmente, no puede funcionar, es más no debe sobrevivir.

El segundo, la práctica artística, es indispensable para poder evolucionar. Comparo al docente que no evoluciona con aquellos padres que han olvidado que también son personas y como tal se han de cuidar.

El hecho de estar en contacto con el arte (una exposición, un concierto, exponer, escribir...) hace que renovemos nuestro propio espíritu, haciéndolo joven y con ganas de descubrir el mundo. De ese modo damos ejemplo a nuestros alumnos: siempre hay personas mucho más sabias que nosotros y con una experiencia docente y artística de un valor incalculable. Cuando nos olvidamos de esto, cuando pensamos que ya lo sabemos todo, aquellos valores que queremos inculcar se van difuminando delante de nosotros, como si de un recuerdo se tratara. Es la entrada a la ignorancia porque, por muchas carreras o cursos que hayamos hecho, a tiempo de ser ignorantes siempre estamos. Es más ignorante la persona que con estudios no hace por evolucionar que aquella persona que, sin estudios, es capaz de aprender de todo aquél que le rodea.

Así pues ¿Cómo podemos educar en valores si nosotros mismos hemos perdido los referentes? ¿Si ni tan sólo tenemos la mente abierta para escuchar a aquel que, con siete años, es capaz de explicarnos qué siente cuando algo pasa a su alrededor? La humildad, diría mi padre, es una de las virtudes más desvirtuadas.


miércoles, 12 de octubre de 2011

¿Artesano o artista?

Señor Mutt, teniendo en cuenta la charla que tuvimos este fin de semana, considero necesario plantear al lector la cuestión que discutíamos hace dos días. Desde entonces las hormigas están hiperactivas, de hecho estoy planteándome darles Ritalín, a ver si se calman.

La cuestión que discutíamos el señor Mutt y yo era el concepto de artesano y artista. La palabra artesano (artis-manus) indica a aquella persona que realiza obras de arte con sus manos; en cambio, artista (ars/artis) es aquel que no necesariamente ha de crear las obras, un gestor del arte.

Por lo visto tenemos muy claro qué significa una y otra pero en realidad no hay una delimitación clara. No solemos marcar con una X donde se acaba el concepto de artesano y donde se comienza a ser artista. Tampoco creo que sea relevante ahora mismo, ya que primero deberíamos ser conscientes de la diferencia entre ambos términos.

Por un lado tenemos el concepto artesano. Para mí ser artesano significa moldear, construir algo siendo plenamente consciente de una nueva creación, consciente de estar creando algo hecho de pies a cabeza por nosotros mismos. Como músico ser artesano, a mi modo de ver, implica componer, interpretar, o dirigir, por ejemplo. Ello conlleva muchos elementos: escuchar, análisis, reflexión, documentación, perfección entendida desde el punto de vista interpretativo.

Por otro lado hablemos del concepto de artista, que surge a partir del siglo XIX donde aparece l'art pour l'art i el culto al genio. Ahí es cuando realmente se mitifica al músico como artista a través del concertismo. Ya el propio Liszt explotó sus orígenes húngaros para conseguir más fama (no será hasta más tarde que en sus composiciones veremos la influencia húngara).

Por desgracia en el siglo XX esto ha ido a más, sobre todo en la música popular, donde el artista se convierte en un ídolo de masas, desvirtuando completamente el ideal del propio arte. Recuerdo cómo una compañera me decía, sorprendida, cómo el pianista al que admiraba se había equivocado en un pasaje y empezó a repetirlo obsesivamente hasta que consiguió tocarlo. Hemos llegado a la desartización del arte: puedes llegar a ser artista sin haber sido nunca, ni pretender ser, artesano.

Observas a un pianista tocar para un gran público y puedes observar de forma superficial el proceso interno que ha tenido que pasar para entender y simpatizar con la obra que interpreta. En ese momento se establece una conexión entre él y su público, se produce una energía que conecta a todo aquel que está en la sala. Estás escuchando a un artesano del arte, una persona que ha madurado con la obra. Recuerdo ver a un compañero que había envejecido, tal era el proceso psicológico que había sufrido, porque se sufre. Un buen artesano es aquel que decide dedicarse a la interpretación siendo consciente de que, lo más probable, es que no viva de ello. El artesano moldea, primero con su intelecto y después con su cuerpo, aquella obra que tiene en sus manos. Es una persona que tiene la paciencia suficiente para retocar la obra de forma casi milimétrica, y no me refiero a la parte técnica solamente, sino más allá, la parte personal, adentrarse en sí mismo y hacer una comunión consigo mismo, observando su propio ser. Escucho a Jordi Savall tocar la viola de gamba y me doy cuenta de que está en otro nivel, juega en otra liga, no puedo rebatirle.

Hoy descubro en mis compañeros personas dispuestas a ser artesanos. Por desgracia los artistas no tienen tan clara la diferencia, claro que entonces serían artesanos. Son los primeros que deberían reflexionar porqué hacen arte, si por lo que conlleva o bien por su propio ego. Eso convierte al arte en algo banal, en una inutilidad sublimada.

¿Y usted, señor Mutt, es artesano o artista?